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Birra y maternidades en la Semana Mundial de la Lactancia

CMC

Birra y maternidades en la Semana Mundial de la Lactancia

Birra y maternidades en la Semana Mundial de la Lactancia 

Hace pocos días transitamos la Semana Mundial de la Lactancia, que se conmemora desde el 1° al 7 de agosto, e integrantes de la CMC compartieron su testimonio sobre cómo vivencian la maternidad en el mundo cervecero, cómo se sienten en los bares, y sus experiencias con cervezas sin alcohol. 

La experiencia de Ele

Elena es de Viedma, y es productora de cerveza Painé. Ella contó que durante sus embarazos se tomó “muy en serio lo de no tomar alcohol, pero me moría de ganas de cerveza. En mi ciudad no conseguí jamás la cerveza industrial Lieber, que en Buenos Aires conseguís en cualquier almacén sin problemas, y me ayudó con los antojos”. En la ciudad en la que reside, probó cervezas artesanales pero no le gustaron. 

Por ser emprendedora, en su último embarazo Ele no se tomó licencia por maternidad, a la semana de haber parido volvió a trabajar a su fábrica y consideró que es “una diferencia abismal con una madre que tiene una licencia que le da la libertad económica y laboral”. Al respecto, contó que “mí maternidad está íntimamente ligada al mundo de mi trabajo como cervecera desde el.momento en que decidí abocarse de lleno a esto para poder trabajar cerca de mi hija mayor y no tener que cumplir horarios lejos de ella, cuando todos mis trabajos anteriores generalmente implican viajes para visitas sociales de períodos prolongados”, explica. Además agradece que al tener ahora dos hijas “la mayor parte del tiempo tengo la posibilidad de criarlas tan de cerca, sobre todo de contar también con la presencia de mi socio y compañero padre full time”. Pero en ese proceso de crianza compartida advirtió que por momentos es un obstáculo porque “el lugar de producción es peligroso porque hay ollas calientes, productos peligrosos, herramientas de todo tipo, pero fuimos criándolas para que aprendieran desde recién nacidas y hoy reconocen los peligros la mayor parte del tiempo”.

Sus hijas la acompañan en los momentos de venta en bares y en eventos. Para Ele “la verdad es que siempre valoro la paciencia enorme que tienen y me temo que en un futuro no quieran acompañarme nunca más a dejar una chopera o un barril en un bar, a atender en una fiesta cervecera. Por el momento, las reconocen en todos los bares, que también son amigables con ellas, las ven crecer, se va construyendo un vínculo más allá de lo laboral gracias a la presencia de ellas”. 

Sobre la asistencia a espacios gastronómicos en familia y con las infancias contó que “a los bares voy mayormente a dejar barriles antes del horario de apertura al público, en ese momento todo es muy amigable por el vínculo construido. Como consumidora no me atrae la propuesta de ir a un bar cuando estoy en modo maternando, a no ser que sea durante el mediodía al aire libre. Lo veo un ámbito muy adultocéntrico, me gustaría ir sola con amigues o con mi pareja, pero a la vez no cuento con esa posibilidad en este momento de mi vida”.

 

Las vivencias de Meli y Lupulín

Meli, cervecera casera de Rosario comparte que su experiencia con cervezas sin alcohol “fue malísima, preferí tomar agua porque no las podía pasar, me resultaban como a un jugo de manzana oxidado” pero que “a partir de los tres meses del Santi ya empecé a probar del vaso de Lucas -su compañero- y seguía con agua a full para diluir la culpa”, cuenta entre risas. En el presente, con su hijo de más de un año, que sigue tomando la teta, ella empezó a tomar un poco más de cerveza, pero siempre acompañada de mucha agua. 

Ir a bares con su hijo para ella es un desafío: “En los bares cerveceros lo que me ha pasado es que la mayoría son incómodos para maternar, porque tienen banquetas altas, pero bueno, me adapté a los que me ofrecían mejores condiciones. Un solo bar me sorprendió una vez, que entré y me dijeron: hay una mesa con sillas para embarazadas, madres u ancianos, y me mandaron a sentarme cómoda”.

 

Trabajo y lactancia, mundos incompatibles

Sol Cravello también comparte su experiencia de mamá reciente y primeriza. Con un bebé de cuatro meses, cuenta que solo consiguió una cerveza sin alcohol, que era importada: “Hay cero oferta de cerveza sin alcohol para embarazadas o mujeres amamantando”.

Si bien todavía no comenzó a trabajar, ve muy difícil combinarlo con la maternidad porque “la demanda es muy alta. Las pocas cosas que hice fueron en un horario medio nocturno, un horario de máxima demanda de un bebe. Así que lo poco que hice me costó muchísimo”. 

En sus recientes experiencias laborales con un bebé pequeño se sintió interpelada a la hora de acoplar trabajo y lactancia: “Muchas veces me cuestioné el porqué tenemos que esconder la lactancia. La última vez lo pude hacer, porque era un Zoom, pero en un vivo… ¿por qué no puedo incorporar la lactancia a ese vivo? Soy una mamá que tiene un bebe chiquito y tiene hambre, aun así me parece inconcebible”, comparte y se explaya: “En la última charla que di, pude apagar la cámara y calmar a mi bebe, pude darle de amamantar tranquila. Pero es inconcebible que aparezca una madre en el rubro cervecero dando teta. En el mundo de la pediatría, pasa, en otros también. En el nuestro hay muchos que se pueden horrorizar o distraer su atención por completo. Lo veo cero compatible”. En ese sentido, se plantea la maternidad en el rubro gastronómico, a la espera de que “ojalá empiecen a haber más opciones como lactarios y guarderías, porque es realmente incompatible”.

 

Por bares ‘familia frendly’

Cori de GPS Birra también tiene una beba de pocos meses. En este tiempo probó cervezas sin alcohol como IPA 0% de Nuevo Origen y le “gustó mucho” al igual que Klausthaller, que es importada: “En ambos casos hay que pedirlas online o en cervetecas, pero no las conseguí en bares”, comenta. 

Para ella maternar y trabajar en el rubro cervecero son dos desafíos: “¡Cuesta mucho! Nos tomamos 6 meses de descanso de las redes porque nos resultaba imposible sostener el nivel de demanda de un bebé recién nacido con el nivel de demanda de Instagram. Ahora estamos volviendo y es difícil, a veces grabo historias con ella a upa porque no tengo otro momento. No hay mucha conciencia o información de los cambios que una mujer atraviesa en el embarazo y puerperio, por lo que a veces se nos piden cosas que no están a nuestro alcance simplemente porque estamos ocupándonos de un bebé. Se pretende que una tenga la misma disponibilidad o haga todo exactamente como antes de tener un hijo, y eso es imposible”, reflexiona y agrega: “Si a eso le sumamos una pandemia, ¡el combo es explosivo!”. 

Cori considera que “los cambios que como madres reclamamos son de la sociedad toda y no de un sector. En todo caso el sector cervecero reproduce lo que pasa en la sociedad”, define. Sobre su experiencia en bares desde que es madre es escasa por el contexto epidemiológico: “No fuimos a muchos bares por la pandemia y al tener una beba de meses, tratamos de no circular mucho. A los que fuimos, intentamos ir al mediodía o en horarios poco concurridos. No hay cambiadores en los baños, ni sillas cómodas donde sentarse y poder dar la teta, por ejemplo. No somos el público objetivo, está claro. Pero me encantaría que haya más bares “familia friendly””, desea.

 

Un desafío

Soy Johanna desde Santa Fe, y mientras escribo esta nota recuerdo a fuego las fechas en que dejé de tomar cerveza por maternar: Desde que me enteré de mi embarazo, el 9 de mayo de 2017 y hasta el 18 de enero de 2020, que fue el día en que dejé de dar la teta, combinar birra y lactancia fue un desafío muy difícil de sortear porque creía que la ingesta de alcohol de mi parte no era lo mejor para el bebé. En todo ese tiempo, jamás conseguí una cerveza artesanal sin alcohol y la única industrial que probé no fue de mi agrado.

Hoy mi hijo ya tiene más de tres años y medio, pero de ese tiempo recuerdo que fueron casi tres años en que cada momento en el que disfruté de la birra fue medido y planificado. Un tiempo en el que cambié los bares cerveceros de la noche por cafeterías para compartir un buen desayuno.